Por: Diógenes Armando Pino Ávila
El mundo asiste boquiabierto a el
espectáculo de la Copa Mundo Brasil y cada día los ciudadanos de las naciones
nos sentamos ante un televisor a cumplir el ritual colectivo de ver las
gambetas y genialidades deportivas de esos muchachos que visten las camisetas
de sus países y defienden sus colores en las justas futboleras. Ese ritual
donde le rendimos culto al rey de los deportes nos impide ver otras realidades
que ocurren simultáneamente al campeonato del mundo. La pasión por el balompié
nos mantiene ocupado y evadido de las realidades que se dan en nuestras vidas y
en la de los demás, por ejemplo, no nos dimos cuenta que en Colombia el galón
de gasolina subió y que esta alza tendrá consecuencias onerosas en el costo de
la canasta familiar, la guerrilla del ELN derrama el crudo de los camiones
cisternas que lo transportan en una carretera rural colombiana y contaminan las
fuentes de agua con que se surten los pueblos del Putumayo. En Brasil los
pobladores de las favelas protestan violentamente contra el espectáculo montado
por la FIFA. El grupo terrorista Hamas que dice defender la causa palestina
lanza cohetes contra las ciudades de Israel. El mundo entero anonadado por el
espectáculo del futbol no ve este otro espectáculo que se vive en esta otra
dimensión de la realidad.