Por: Diógenes Armando Pino Ávila
Tengo la fea costumbre de apropiarme del control de la Tv y cambiar de canal, deteniéndome pocos segundos en cada uno, viendo la programación y al parecerme insulsa paso a otro canal, con el mismo resultado y así de canal en canal por todo el menú que propone la empresa de Tv satelital a la cual estoy abonado, en un ejercicio inútil por encontrar algún programa que no insulte la inteligencia del televidente y ante la protesta de mi esposa me detengo en un canal al azar, con la fortuna de que el programa que emite esa noche es Especiales Pirry, un loquito valiente, por todos conocidos, que hace televisión de un modo diferente, atrevido, audaz y es capaz de tocar temas que los noticieros y otros programas similares no se atreven ni a mencionar.
Tengo la fea costumbre de apropiarme del control de la Tv y cambiar de canal, deteniéndome pocos segundos en cada uno, viendo la programación y al parecerme insulsa paso a otro canal, con el mismo resultado y así de canal en canal por todo el menú que propone la empresa de Tv satelital a la cual estoy abonado, en un ejercicio inútil por encontrar algún programa que no insulte la inteligencia del televidente y ante la protesta de mi esposa me detengo en un canal al azar, con la fortuna de que el programa que emite esa noche es Especiales Pirry, un loquito valiente, por todos conocidos, que hace televisión de un modo diferente, atrevido, audaz y es capaz de tocar temas que los noticieros y otros programas similares no se atreven ni a mencionar.
