Por: Diógenes Armando Pino Ávila
Los 50 años de guerra que ha
vivido Colombia ha dado como resultado que el vocabulario funesto del
exterminio se haya enriquecido al ritmo de la barbarie y de la muerte, pues en
esta Colombia de ahora, solo se habla de atentados, minas antipersonas,
tatucos, secuestros, bombardeos, muertes, masacres, y mutilados como si las
palabras que describen el horrendo espectáculo de la muerte fueran palabras
normales en nuestra cotidiana expresión.
Es tal la presencia del conflicto que nos parece normal una toma
guerrillera o una masacre, la cual la catalogamos de “sin importancia”,
“medianamente importante” o “importante” por el número de muerte que reporte,
sin que sintamos dolor de patria por los que caen, sean civiles, soldados,
policías, paramilitares o guerrilleros, sin sentir que los caídos en esencia
son colombianos, compatriotas nuestros.





