Nota

Aquí publicamos los artículos de prensa, columna, crónicas, reflexiones, ensayos y demás de la producción textual de Diógenes Armando Pino Ávila.
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jueves, 3 de julio de 2014

Campeones sin perder la cabeza

Por: Diógenes Armando Pino Ávila
Debo confesar que el futbol no es mi deporte favorito, es más, no tengo deporte favorito, pues la naturaleza, si bien es cierto, no me hizo hábil y diestro en estas lides, es cierto también, que no me dotó con el gusto de sudar la gota gorda persiguiendo una pelota, tampoco me dio la afición por practicar deporte alguno. Confieso que en la infancia, en mi pueblo natal, me escapaba a bañar a escondidas en el río, cazaba con caucheras algunos pájaros (de lo que ahora me arrepiento), pescaba con anzuelos y casi que obligado, juagaba un pique de futbol con la famosa pelota de letras, y como era tan mal jugador, los compañeros terminaban sacándome del juego antes de terminar el pique, ese es mi escaso palmarés como deportista.

¿Y si nos ganamos el mundial?

Por: Diógenes Armando Pino Ávila
A través de la historia Colombia ha sufrido tantas y tan variadas desilusiones en todos los aspectos de la vida social, política, económica, histórica y deportiva, por solo mencionar algunas, que ya parece imposible que nos sorprendamos ante cualquier desilusión. No obstante los colombianos mantenemos intacta la esperanza, nunca caemos en la desesperación de no creer en nada. Por eso cada cuatro años creemos en el político de turno que va a sacar el país adelante, por eso creemos que este candidato a la gobernación si nos va a hacer el puente, que este candidato a la alcaldía sí va a pavimentar la cuadra donde vivo. Por eso cada cuatro años hacemos campaña y participamos en política y dejamos la camisa vuelta jirones en la plaza convenciendo a los vecinos para que voten por nuestro candidato.

La alborada de la paz

Por: Diógenes Armando Pino Ávila
Con los resultados electorales del domingo comienza el final de la horrible noche de una guerra de más de 50 años, que ha causado miles y miles de muertos y empieza a clarear una alborada luminosa de una paz duradera que evitará miles y miles de muertos más.
Por eso los colombianos todos, los que votamos por Santos, los que votaron por Zuluaga, los que votaron por el voto en blanco, los que no votaron, los de izquierda, los de la ultraizquierda, los de la derecha, los de la ultra derecha, los de centro, los que creen en el proceso de paz, los que no creen, los que creen en los paramilitares, los que creen en la guerrilla, los que creen en los militares, los que no creen en ninguno de los anteriores, los guerrilleros, los paracos, los militares, los policías, los que creen en Dios, los ateos, los descreídos, los masones, los gnósticos, los cristianos de diferentes vertientes, todos, absolutamente todos, debemos cerrar filas para que esta paz se concrete, comenzando con la firma de paz con la Far en la Habana y prosiguiendo con el ELN y después con los militares presos y los paramilitares que deseen un país mejor.

El vocabulario del conflicto

Por: Diógenes Armando Pino Ávila
Los 50 años de guerra que ha vivido Colombia ha dado como resultado que el vocabulario funesto del exterminio se haya enriquecido al ritmo de la barbarie y de la muerte, pues en esta Colombia de ahora, solo se habla de atentados, minas antipersonas, tatucos, secuestros, bombardeos, muertes, masacres, y mutilados como si las palabras que describen el horrendo espectáculo de la muerte fueran palabras normales en nuestra cotidiana expresión.  Es tal la presencia del conflicto que nos parece normal una toma guerrillera o una masacre, la cual la catalogamos de “sin importancia”, “medianamente importante” o “importante” por el número de muerte que reporte, sin que sintamos dolor de patria por los que caen, sean civiles, soldados, policías, paramilitares o guerrilleros, sin sentir que los caídos en esencia son colombianos, compatriotas nuestros.

sábado, 3 de mayo de 2014

En el país del Sagrado Corazón

Por: Diógenes Armando Pino Ávila
Vivimos en el país del Sagrado Corazón, un país con dos mares y todos los climas; donde producimos el mejor café del mundo; donde se dice que tenemos el mejor segundo himno del mundo; en donde los narradores deportivos se desgañitan locutando el tour de france y con lágrimas y llantos narran la epopeya de «los escarabajos»,  jóvenes campesinos boyacenses, que comen panela para potenciar sus piernas y pedalear en sus «caballitos de acero» escalando las cuestas francesas y conquistando los premios de montaña.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Petro y Torquemada

Por Diógenes Armando Pino Ávila
El Procurador Ordóñez acostumbrado a hacer su santa gana, y a imponer sus criterios y sanciones con la saña del que no tiene quién lo vigile, y por tanto sin tener escrúpulos ni temores, venía destituyendo e inhabilitando a cuanto contrario se le atravesara en su camino. Al mejor estilo de épocas inquisitoriales, a todo el que opinaba o pensara en contrario a su opinión, calificaba como víctima del poder omnímodo de este Torquemada, que por un error de satán vive en el siglo XXI pero que su mentalidad data del siglo XV.

¿Palomas o fusiles?

Por: Diógenes Armando Pino Ávila.
¿Cuándo comenzó la violencia política en Colombia? ¿Cuantos años llevamos con esta penuria? ¿Vale la pena firmar la paz? ¿Es conveniente seguir en guerra? ¿Conozco la historia del conflicto armado? Hagamos un poco de historia sobre este problema que atañe a todos los colombianos.
Algunos historiadores registran que a partir del año 1.946 comenzó la violencia política en Colombia, con la renuncia a la presidencia de la República de Alfonso López Pumarejo, siendo reemplazado por Alberto Lleras Camargo, quien constitucionalmente ostentó la presidencia como designado, convocando elecciones para el mes de junio de 1.946, siendo ganadas por el partido conservador. Este triunfo conservador se le atribuye a la división liberal entre los partidarios de Gabriel Turbay y los de Jorge Eliecer Gaitán, mientras que los conservadores, que no saboreaban las miles del poder desde 1.930, se unieron en torno a su jefe, Mariano Ospina Pérez.

El matoneo de los de arriba

Por: Diógenes Armando Pino Ávila
Este país del sagrado corazón está desquiciado, si miramos la pirámide social notamos sin mayor esfuerzo el desbarajuste que hay en la parte de arriba, parece como si un maremágnum de locura, de egoísmo y de barbarie hubiera llegado y con la fuerza desatada de un tsunami afectara el juicio de quienes gobiernan y de quienes gobernaron. A nivel de la cúspide se casan las más disimiles peleas, por ejemplo: La Contralora General de la Nación, doctora Sandra Morelli Rico, con su pelo desgreñado y sus brillantes ojos de esquizofrénica festiva, emprende una serie de denuncias contra la augusta calva lucia  del Fiscal General de la Nación, doctor Luis Eduardo Montealegre, y lo denuncia ante la Cámara de Representantes por el supuesto cobro de honorarios a una EPS estando ya ejerciendo como Fiscal.

Los perros de la guerra ladran a la luna de la paz

Por: Diógenes Armando Pino Ávila
Esta semana ha sido crucial para el proceso de paz, la develación por parte del Ministro de Defensa de los supuestos atentados contra el expresidente Uribe y el Fiscal General de la Nación han puesto en primera plana el tema de la paz en boca de la mayoría de los colombianos.
El hecho de que la FARC planee atentados contra figuras públicas no es nada nuevo y que lo hagan en contra de Uribe tampoco, pues dentro de su accionar esta organización guerrillera y dentro de su lógica guerrerista justifica actos demenciales como el de atentar contra una persona. Lo que llama poderosamente la atención es la reacción de la ciudadanía.